martes, 22 de junio de 2010

Sanctuary

Ahora mismo, siento una voz que me llama. No es una voz tormentosa, ni intranquila. Todo lo contrario. Es una voz llena de paz que quiere guiarme hacia donde pertenezco. Los motivos? No los sé con certeza. Yo, por lo menos. Pero es una voz como una cuerda. Una cuerda de piano.
Más bien es una soga.

Como cuando solíamos vernos,
gigante de hielo
aprieta, aprieta.

Y mis ojos ya no pertenecen a mi cuerpo.

Me da igual.
Para ser sincero, no los necesito.